lunes, 29 de noviembre de 2010

¿De qué hablamos cuando hablamos de libros de texto?


El profesor Jaume Martínez en su conferencia “¿De qué hablamos cuando hablamos de libros de texto?” ha puesto en tela de juicio la omnipresencia de los libros de texto en la escuela y me ha hecho pensar sobre si es posible una enseñanza sin utilizar libros de texto. Y claro, dicho así, tendemos a pensar lo complicado que puede resultar ya que hemos crecido escolarmente siguiendo los patrones de los libros, y actualmente, estamos demasiado acostumbrados a ellos. Pero a medida que el profesor ha ido exponiendo las distintas propuestas, he llegado a la conclusión de que existen otras posibilidades, pues ha provocado en nosotros un tipo de reflexión, que al menos, nos ha hecho pensar. Ahora bien, al igual que el profesor, pienso que este cambio en la actitud metodológica de los docentes puede y debe estar en la gente joven. Debemos empezar a pensar más allá de los libros de texto.
 Durante la primera parte de la conferencia, nos propone dar otra perspectiva a la idea tan extendida y tan común de los libros de texto como recurso en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Para Jaume Martínez, el libro de texto es una cosa mucho más seria y peligrosa cuando se tiene en cuenta al ser humano, ya que el libro de texto concreta las siguientes ideas:
A) El libro de texto concreta una teoría pedagógica y las concreciones curriculares y didácticas de esta teoría. Es decir, el libro concreta una forma de escolarización rígida y preestablecida. En este sentido es importante que nos preguntemos cual es la pedagogía que utiliza y si ésta tiene relación con la teoría del conocimiento. Para explicar esta idea, el profesor ha comparado la pedagogía actual con la que se podría llamar “Pedagogía escolástica”, nacida en el siglo XII-XIII, desarrollada durante el capitalismo y que se mantiene todavía hoy en día. Ambas pedagogías separan al individuo de su propia historia, de su propia biografía. Existe una separación entre las experiencias del sujeto y el conocimiento posterior, que, en este caso, está fuera de nosotros. Lo que significa que el currículum viene predeterminado al margen de todos nosotros, no nace de nuestra forma de vivir el mundo y pasamos así, de ser los sujetos de la educación a meros objetos de la misma. Es decir, lo que Freire denomina como Educación bancaria: los alumnos son recipientes vacíos que los docentes deben llenar con lo que establece el currículum.
Según la pedagogía actual existe una separación entre la vida social y cultural y la experiencia escolar. Actualmente, sabemos que esta dicotomía no debe existir, que la escuela no se puede ver separada de la comunidad en la que está establecida, sino que la comunidad debe participar en el proceso organizativo y la escuela debe abrirse a la comunidad y nutrirse de las características de la sociedad en la que se asienta. De modo que, los contenidos curriculares deben estar más relacionados con la cultura popular que integra las formas de vida de la comunidad.
Sin embargo, los libros de texto ofrecen un currículum escolar preestablecido y ajeno a las necesidades, dudas o aspiraciones reales de la comunidad en la que se lleva a cabo y con el que los escolares no se sienten identificados. Estas son las cosas que deberían hacernos reflexionar y pasar a la acción, asegurando que es posible pensar la escuela de otra manera, dejando el libro de texto a un lado y elaborando un currículum propio, más realista y más cercano al contexto en el que se lleva a cabo.
Pero claro, todo este proceso de reelaboración curricular, requiere un esfuerzo y una dedicación que muchos de los docentes no están dispuestos a realizar. Más bien, prefieren seguir las directrices establecidas y no perder su valioso tiempo en estudiar la comunidad que les rodea y elaborar nuevas formas curriculares. Con esta forma de pensar, se da por supuesto que:
-         La cultura tiene un carácter estático.
-         El currículum se desarrolla según lo establecido en una estructura temática y no en proyectos de necesidad.
-         El libro de texto es una construcción universal y todo debe estar en él.

 Éste es el problema, el acomodamiento de los docentes a una herramienta de trabajo como es el libro de texto, que les facilita la rutina escolar en detrimento de la creatividad y la imaginación a la hora de establecer nuevos rumbos metodológicos. Es necesario pues, que los docentes cambien de actitud y empiecen a reflexionar sobre el hecho de que no nos hacemos sólo con la ayuda de los libros. 

B) Detrás del libro de texto hay una teoría del trabajo docente: de la formación y el conocimiento del maestro. El problema reside en que el libro concreta una forma de ver la pedagogía y en ese proceso de producción y establecimiento pedagógico, el maestro no ha intervenido. El libro queda como una herramienta que le viene dada al maestro y que condiciona el trabajo en el aula. Esto nos hace cuestionarnos que, si queremos cambiar la metodología y la forma de pensar de los maestros de modo que no sea el libro el que defina la actuación de los mismos, primero se debe cambiar la herramienta que coloniza y predetermina la mayor parte de la vida del aula. Porque la voz de los maestros es importante y han de ser ellos los que organicen el tiempo y el modo de hacerlo.

C) El libro de texto es un discurso, una manera de pensar que relaciona las formas de hablar y los códigos con la práctica institucional y que naturaliza las percepciones ideologizadas de la experiencia social de la enseñanza. Lo que significa, que tras tantos años de utilización de los libros de texto hemos llegado a una familiarización tal que nos parece un proceso natural. Estamos demasiado acostumbrados a los libros.

D) El libro de texto es un gran negocio editorial. En este punto hace referencia a una entrada en el blog de Jordi Adell titulada “Carta a los editores de libros de texto”, en la que explica que en el años 2008 éstos recaudaron casi 800 millones de euros de los ciudadanos de este país. Esta entrada se pone de manifiesto el interés económico y la bajeza profesional de los editores de texto cuando acusan a los poderes públicos de cómplices de piratería al fomentar la gratuidad de los contenidos educativos.

Leyendo las entradas de “El futuro de los libros de texto”, una se plantea qué ocurrirá en un futuro no demasiado lejano con el material didáctico en forma de libros de texto. La revolución tecnológica y digital es un hecho y como bien apunta Jordi la riqueza de medios y lenguajes que se pueden utilizar con los ordenadores supera a las posibilidades reales que nos ofrece el libro. ¿Por qué desaprovechar esta utilidad?.

A la largo de los años ha habido una larga historia de renovación pedagógica. Un claro ejemplo son las técnicas Freinet todavía hoy revolucionarias. Ya en aquellos años desarrolló proyectos de investigación y prácticas pedagógicas para que los alumnos se abrieran al mundo, a la realidad. O Freire, que organizó grupos de enseñanza cuyo material didáctico se basaba en elementos habituales de la vida cotidiana. De igual forma, nosotros en la actualidad, deberíamos revisar las prácticas actuales y adecuarlas a los diversos contextos y comenzar a plantearnos que podemos ser capaces de llegar a ser maestros/as con la capacidad de hacer cosas alejadas al libro de texto.

No me gustaría terminar sin antes destacar algunas reflexiones interesantes de Jaume Martínez Bonafé en su libro "Las políticas de los libros de texto":
- El texto es reproductivo de una determinada forma de saber porque responde a los intereses de quienes controlan los procesos de reproducción social.
- Es cierto que, desde que los sistemas de reproducción social se separan de los sistemas de producción, el texto es necesario como forma de representación de lo que debe ser reproducido. Sin embargo, la escuela como institución ha mantenido el texto al margen de la evolución. Y es en ese inmovilismo particular, donde quizá radica su fuerza al tiempo que su obsolescencia.

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